Cuentos

martes, 27 de diciembre de 2005

La Dama

Ella era una mujer extraña: le gustaba pasear de noche, recorrer los bosques al inicio de cada estaciòn, sumirse en sus libros. Era una de aquellas de pocas palabras, de mirada intensa, de noches de fuego.
Un hombre logrò convertirla en su esposa; una bella dama a quien proteger y arropar cuando las noches se hicieran de hielo. Pero no consiguiò entender que ella era mucho màs que todo eso. Ella era la representaciòn de la fantasìa, la ilusiòn y el mundo de los sueños. Todo lo que su cuerpo tocara podrìa convertirse en la historia màs extraordinaria. Asì pues la abandonò. Una noche, mientras la doncella dormìa, se fue. Y no volviò nunca màs.
Al despertar y encontrarse sola, comprendiò que ya nadie la aceptarìa en su lecho, y pensò que ya no necesitarìa ni su casa, ni todas las comodidades que su esposo le diò. Se marchò. Y ella tampoco volviò màs.
Por las calles caminaba, con su vestido rozando el suelo al avanzar. Pasò por una calle y se encontrò con la casa de citas. Tantos besos, tantos bailes, tantos abrazos... y tan parecidos a su matrimonio... falsos cuentos que desaparecìan al nacer el sol. Entonces siguiò su camino hacia ningùn lugar. Hasta que diò con el cementerio; hasta que diò con èl.
Èl era un hombre jòven, incomprendido. Solìa frecuentar el cementerio porque allì nadie podrìa molestarle mientras pensaba y escribìa. Siempre estaba solo. Y ella se diò cuenta.
"¿Por què estas siempre solo? ¿Dònde estàn los tuyos? Tu mujer, tu familia..."
"No tengo mujer; es cierto que tengo muchos amigos, pero aùn no he tenido la suerte de saborear los labios de nadie. No he sentido el calor de unos brazon rodeàndome. He perdido la cabeza y la razòn tantas veces... pero nunca he sido correspondido. Siempre he estado solo. Y esta soledad cada vez se hace màs eterna."
Y ella comprendiò que era un hombre extraño, de pocas palabras, de los que les gusta pasear en soledad. Como ella. Un jòven quien nadie entendìa. Y de buen corazòn.
"Entonces yo te amarè hasta que tu corazòn sea correspondido."
Y le besò. Sintiò còmo su cuerpo se estremecìa al contacto de sus labios. Mientras ella le rozaba con sus manos. Èl nunca habìa sentido la presiòn de unos muslos sobre su piel; ni tampoco el inmenso placer que le obligaba a forzar la respiraciòn para que el aire llegara a sus pulmones. Era como visitar el paraìso de noche, un paraìso extraño, formado por dos personas extrañas, en una extraña situaciòn.
Ella se veìa dentro de su mundo de ilusiones. Le gustaba dar cariño a quien realmente se lo merecìa, a todos aquellos que sentìan la soledad de un amor nunca compartido. Su rostro se retorcìa bajo su cuerpo y ella cada vez se sentìa màs feliz. Le gustaba el cementerio de noche; los barrios bajeros de su ciudad; siempre y cuando existiera gente extraña como ella nunca estarìa sola.
Al amanecer, cuando èl aùn dormìa, la dama le dijo: "mañana regresarè", y le diò un beso tan dulce que mientras se alejaba èl sonriò, soñando. Soñando con haber encontrado algo especial, algo extraño, algo eterno.




Dedicado a David (Lionheart).